El espíritu de la “ley mordaza”

POR CARLOS JARAMILLO VELA

 

La iniciativa de ley que en días pasados suscito polémica en el Congreso del Estado de Chihuahua –y particularmente en los medios informativos-, mal denominada por algunos como ley mordaza, constituye un llamado de atención no solo a los medios de comunicación sino a toda la sociedad. Es innegable que la cantidad de imágenes con alto contenido sexual o de violencia que abundan en revistas, periódicos, pantallas electrónicas de exhibición pública, anuncios espectaculares, programas y anuncios de televisión, internet, etc., son una amenaza para la formación de la niñez. A pesar de ello han surgido reacciones que en un afán descalificatorio quieren eliminar por la vía mediática tal propuesta legislativa describiéndola como una inicua estrategia ideada para aniquilar la libertad de expresión. Nada más lejos de la realidad que estas argucias envueltas en la bandera de la justicia y la libertad.

 

Aunque debido a los intereses económicos en juego es explicable el cúmulo de airadas protestas y denostaciones desatadas contra el proyecto legal encaminado a acotar la profusa difusión de los citados contenidos que hoy nos invaden y atentan contra la moral y el sano desarrollo de los menores, tales manifestaciones opositoras carecen de justificación. La libertad de expresión es el derecho a emitir en forma oral o escrita las opiniones e ideas respecto a cualquier tema; sin embargo, quienes pretenden basar en la supuesta violación de ese derecho sus quejas contra el establecimiento de la citada regulación legal intentan confundir la libertad de expresión con una especie de libertinaje de difusión.

 

El Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia Española, describe así el significado de la palabra expresar: “Darse a entender por medio de la palabra”, y respecto a la palabra expresión dice que esta significa “Especificación, declaración de algo para darlo a entender”. Por lo que atañe al vocablo difundir, el citado documento lo define como “Propagar o divulgar conocimientos, noticias, actitudes, costumbres, modas, etc.”

 

La libertad de expresión es un derecho fundamental o un derecho humano, señalado en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, y en las Constituciones de los países democráticos. El derecho a la libertad de expresión es definido como un instrumento para la libre difusión de las ideas.

 

El citado artículo diecinueve de dicho ordenamiento internacional estatuye: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.”

 

Por lo que corresponde a la legislación de nuestro país, el artículo 6 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su párrafo primero refiere de manera clara los límites a la libertad de expresión al ordenar lo siguiente: “La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito, o perturbe el orden público; el derecho de réplica será ejercido en los términos dispuestos por la ley. El derecho a la información será garantizado por el Estado.”

 

De lo analizado, podemos concluir que –al menos en México- aunque la libertad de expresión y la libertad de difusión son derechos correlativos o concomitantes, porque la libertad de expresarse conlleva la libertad de difundir lo expresado, dicha libertad de difusión no debe entenderse como un derecho ilimitado para publicar cualquier contenido de carácter verbal o escrito, y mucho menos de naturaleza gráfica, sino solo aquellos que no contravengan a la moral, la vida privada, los derechos de terceros o el interés público. En virtud de lo expuesto debe comprenderse que la libertad de expresión no da derecho a una absoluta libertad -o libertinaje- de difusión; por ello es obvio deducir que en esto radica el espíritu de la iniciativa legal a la que sus detractores, en forma despectiva, injusta y premeditada, han denominado con el doloso calificativo de “Ley Mordaza”.  

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